miércoles, marzo 08, 2006

VITAM IMPENDERE VERO

"Dudar de todo o creérselo todo son dos opciones igualmente válidas que nos eximen de reflexionar" Henri Poincaré
Somos seres creyentes por naturaleza. Nuestras ideas pueden valer más que nuestra propia vida y ser puestas al servicio de una causa común. Creemos siempre estar en lo cierto y cuando creemos escuchar al otro muchas veces sólo nos sirve para reforzar nuestras propias creencias.
Nuestras creencias, la mayoría de ellas, son creencias que establecemos "a priori" y a veces la propia creencia determina nuestra experiencia, con lo cual esta se refuerza todavía más. No digo que esto sea malo, pero es importarte tenerlo presente a la hora de establecer un diálogo en el que la razón tenga que fluir libremente. Cuando empecemos a reflexionar debemos ser conscientes en la medida de lo posible de nuestros prejuicios - todos los tenemos - y ponerlos como decían los griegos entre paréntesis(Epoge).

VITAM IMPENDERE VERO ( Daría mi vida por la verdad)

6 comentarios:

Bob_Lives dijo...

La única manera de ser objetivo es cuestionar todo. Ese espíritu crítico es lo que nos permite ser seres racionales. Por cuestionar todo, me refiero a que todo ha de ser analizado por uno mismo, sacar tus propias conclusiones. Un crédulo o un incrédulo son básicamente lo mismo: autómatas. Ninguno posee la verdad absoluta.

Anónimo dijo...

Cuestionar todo no es ser objetivo, es ser un hombre mediocre, sin embargo coincido en que se llega al conocimiento mediante la formulación de conclusiones propias, de la observación de la realidad, el ejercicio de la imaginación y la experiencia. Por ser seres racionales tenemos la capacidad de descubrir, de ser inquietos, de cuestionar; pero el espíritu crítico es otra cosa y quien lo tiene es el aquel que ataca los logros de los demás por no tener sesera.
Por otra parte creer o no creer en algo no deriva en ser o no dueño de la "verdad absoluta", el que cree es aquel que persigue un ideal -que puede ser la Verdad- y sabe que es inconseguible; lo que importa es estar encaminado, con eso es suficiente y es lo único posible. Aquel que se cree dueño de una verdad incuestionable es un idiota, tal cosa no es posible, jamás!

Dr.José Carlos Corbatta dijo...

Veritas patefacta

La lucha de los Pueblos es por la Libertad, mientras que la de los hombres es por conquistar su verdad: La verdad por la verdad misma.

1) El Antiguo Testamento y la verdad:

En el Eclesiástico (Siracides), se aportan las llaves para la sabiduría y la verdad no queda al margen. Este libro es una síntesis de las tradiciones y de las enseñanzas de los «sabios». En ninguna otra nación hay una sabiduría superior a la del pueblo de Dios, porque ahí es donde, por orden divina, la Sabiduría ha venido a habitar. El libro muestra cómo la Ley de Dios lleva a una vida personal y social más humana, más inteligente y más responsable.

En el Cap. IV se nos instruye sobre CÓMO COMPORTARSE CON LA SABIDURÍA, al respecto se dice: [20].En cualquier circunstancia pesa el pro y el contra y evita lo peor. Hay una especie de vergüenza mala que te engañaría. [21].Porque hay una vergüenza que lleva al pecado y otra que merece elogios y respeto. [22]No reniegues de lo mejor que hay en ti por consideración al qué dirán; esa clase de vergüenza no debe hacer que te rebajes. [23].No te quedes callado cuando tengas que hablar; no escondas por un orgullo mal puesto, lo que te dicta tu sabiduría. [24].La sabiduría se reconoce en la conversación; la instrucción se ve en el discurso. [25].No contradigas lo que es verdad; mas vale que confieses tu ignorancia. [26].No te avergüences de confesar tus pecados: no nades contra la corriente. [27].No te amilanes ante un tonto; ni te dejes influenciar por un poderoso. [28].Lucha a muerte por la verdad, y el Señor combatirá por ti. [29].No seas atrevido en palabras, y luego perezoso y descuidado en tus actos. [30].No seas como un león en tu casa, maltratando a tus servidores, humillando a tus inferiores. [31].No tengas la mano extendida para recibir, y cerrada cuando haya que dar.

En el Cap. 27 se abunda: [1].Muchos han pecado por amor al dinero, el que trata de enriquecerse se hace el desentendido. [2].Así como se introduce un palo entre dos piedras juntas, así se inserta el pecado entre la compra y la venta. [3].El que no se apega firmemente al temor del Señor, verá pronto su casa por el suelo. [4].Al sacudir el cedazo caen las mugres, y lo mismo los defectos del hombre cuando se pone a hablar. [5].La prueba para los cántaros de arcilla es el horno; para un hombre es su manera de razonar. [6].Los frutos de un árbol mostrarán si fue bien cultivado; de igual modo las palabras de un hombre dan a conocer su fondo. [7].No elogies a una persona mientras no se exprese: esa es la prueba para todo hombre. [8].Si procuras la justicia, la lograrás; te revestirás de ella como de un manto de fiesta. [9].Los pájaros hacen sus nidos junto a sus semejantes, la verdad retorna a los que la practican. [10].El león espía a su presa, y lo mismo el pecado a los que hacen el mal. [11].La conversación de un hombre de Dios tiene siempre su sabiduría; el insensato en cambio es cambiante como la luna. [12].Sé avaro de tu tiempo con los que no entienden, dalo ampliamente a los que reflexionan. [13].La conversación de los tontos fastidia, necesitan obscenidades para reírse. [14].Un lenguaje lleno de imprecaciones pone los nervios de punta, ese género de discusiones hace que uno se tape los oídos. [15].Una pelea entre orgullosos hace que la sangre llegue al río; sus injurias no se pueden oír. [16].El que revela un secreto hace que no se le crea, no encontrará más amigos según su corazón. [17].Ama a tu amigo y permanécele fiel; si revelaste sus secretos no vayas más en pos de él; [18].es como si hubieras perdido a uno de tus parientes: su amistad murió para ti. [19].Dejaste que escapara el ave de tus manos: tu amigo se fue, es inútil salir en su búsqueda. [20].No lo persigas: como la gacela que se libera de su trampa, puso distancia entre ambos. [21].Se puede vendar una herida, reconciliarse después de las injurias, pero revelar secretos no tiene vuelta. [22].El que guiña un ojo está tramando algo malo, y nadie lo apartará de eso. [23].Delante de ti su boca es melosa, aplaude todo lo que tú dices, pero luego habla lo contrario y tergiversa tus palabras para perderte. [24].Hay muchas cosas que detesto, pero nada tanto como a él: hasta el Señor lo aborrece. [25].El que tira una piedra al cielo, le caerá en la cabeza, y el que da un golpe a traición se herirá de rebote. [26].El que cava una fosa se caerá en ella, y el que tiende una emboscada, quedará atrapado en ella. [27].El que comete malas acciones, éstas le repercutirán y de donde menos se lo piensa. [28].Los soberbios son buenos para el insulto y la burla, pero la justicia los aguarda como león al acecho. [29].Los que gozan haciendo caer a los fieles, quedarán atrapados en la red. El dolor se apoderará de ellos mucho antes de que mueran. NO GUARDES RENCOR [30].Odio y cólera son dos cosas abominables en las que se destaca el pecador.

2) El más grande Emperador de Roma y la verdad filosófica y política: Marco Aurelio (121-180), tradujo su virtuosa conducta humana, su filosofía de gobierno, su sentir político, su incomparable (e inigualable hasta el presente) grandeza conductora y su doctrina que entregará como ejemplo a las generaciones venideras, en una suerte de apuntes personales, las Meditaciones, es-critas a lo largo de sus últimos años de paso por esta Tierra siempre de cara a la verdad. Una referencia en la Historia Augusta cuenta de sus verdaderos sentimientos, cuando al tiempo de fallecer su preceptor, se permite romper en llanto en presencia de incomprensibles, entonces Antonino ofuscado responde a las críticas de aquellos diciendo “Dejadle ser humano: que ni la filosofía ni el trono son fronteras para el afecto”. Este recuerdo aflorará en las Meditaciones (Marco Aurelio. Editorial Planeta DeAgostini. Madrid. España. 1995, en I.11 pág. 51), y deja escrita su pluma al referirse a su Amigo M. Cornelio Frontón: “el haberme detenido a pensar cómo es la envidia, la astucia y la hipocresía propia del tirano, y que, en general, los que entre nosotros son llamados , son, en cierto modo, incapaces de afecto. Conforme expresa en Meditaciones (Marco Aurelio. Editorial Planeta DeAgostini. Madrid España. 1995, en I.14 pág. 52): “... De “mi hermano” Severo: el amor a la familia, a la verdad y a la justicia; el haber conocido, gracias a él, a Traseas, Helvidio, Catón, Dión, Bruto; el haber concebido la idea de una constitución basada en la igualdad ante la ley, regida por la equidad y la libertad de expresión igual para todos, y de una realeza que honra y respeta, por encima de todo, la libertad de los súbditos. De él también: la uniformidad y constante aplicación al servicio de la filosofía; la beneficencia y generosidad constante; el optimismo y la confianza en la amistad de los amigos; ningún disimulo para con los que merecían su censura; el no requerir que sus amigos conjeturaran qué quería o qué no quería, pues estaba claro”.

“Si en el transcurso de la vida humana encuen-tras un bien superior a la justicia, a la verdad, a la moderación, a la valentía y en suma, a tu inteligencia que se basta a sí misma, en aquellas cosas en las que te facilita actuar de acuerdo con la recta razón, y de acuerdo con el destino en las cosas repartidas sin elec-ción previa; si percibes, digo, un bien de más valía que ese, vuélvete hacia él con toda el alma y disfruta del bien supremo que descubras. Pero si nada mejor aparece que la propia divinidad que en ti habita, que ha sometido a su dominio los instintos particulares. que vigila las ideas y que, como decía Sócrates, se ha desprendido de las pasiones sensuales, que se ha someti-do a la autoridad de los dioses y que preferentemente se preocupa de los hombres; si encuentras todo lo demás más pequeño y vil, no cedas terreno a ninguna otra cosa, porque una vez arrastrado e inclinado hacia ella, ya no serás capaz de estimar preferentemente y de continuo aquel bien que te es propio y te pertenece. Porque no es licito oponer al bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de placeres. Todas esas cosas, aunque parezcan momentáneamente armonizar con nuestra naturaleza, de pronto se imponen y nos desvían. Por tanto, reitero, elige sencilla y libremente lo mejor y persevera en ello. . Si lo es para ti, en tanto que ser racional, obsérvalo. Pero si lo es para la parte animal, manifiéstalo y con-serva tu juicio sin orgullo. Trata sólo de hacer tu exa-men de un modo seguro”. Meditaciones (Marco Aurelio. Editorial Planeta DeAgostini. Madrid. España. 1995, en III. 6 pág. 74).

“El que comete injusticias es impío. Pues dado que la naturaleza del conjunto universal ha constitui-do los seres racionales para ayudarse los unos a los otros, de suerte que se favoreciesen unos a los otros, según su mérito, sin que en ningún caso se perjudica-sen, el que transgrede esta voluntad comete, evidente-mente, una impiedad contra la más excelsa de las divi-nidades. También el que miente es impío con la misma divinidad. Pues la naturaleza del conjunto universal es naturaleza de las cosas que son, y éstas están vincula-das con todas las cosas existentes. Más todavía, esta divinidad recibe el nombre de Verdad y es la causa primera de todas las verdades. En consecuencia, el hombre que miente voluntariamente es impío, en cuan-to que al engañar comete injusticia. También es impío el que miente involuntariamente, en cuanto está en discordancia con la naturaleza del conjunto universal y en cuanto es indisciplinado al enfrentarse con la na-turaleza del mundo. Porque combate a ésta el que se comporta de modo contrario a la verdad, a pesar suyo. Pues había obtenido de la naturaleza recursos, que desatendió, y ahora no es capaz de discernir lo falso de lo verdadero. Y ciertamente es impío también el que persigue los placeres como si de bienes se tratara, y, en cambio, evita las fatigas como si fueran males. Por-que es inevitable que el hombre tal recrimine reitera-damente a la naturaleza común en la convicción de que ésta hace una distribución no acorde con los méritos, dado que muchas veces los malos viven entre placeres y poseen aquellos medios que se los proporcionan, mientras que los buenos caen en el pesar y en aquello que lo origina. Más aún, el que teme los pesares teme-rá algún día algo de lo que acontecerá en el mundo, y eso es ya impiedad. Y el que persigue los placeres no se abstendrá de cometer injusticias; y eso sí que es claramente impiedad. Conviene también, en relación con las cosas en que la naturaleza común es indiferente (pues no habría creado ambas cosas, si no hubiese sido indi-ferente respecto a las dos) que respecto a éstas los que quieren seguir la naturaleza se comporten indiferentemente viviendo de acuerdo con ella. Por consiguiente, está claro que comete una impiedad todo el que no permanece indiferente respecto al pesar y al placer, a la fama y a la infamia, cosas que usa indistintamente la naturaleza del conjunto universal. Y afirmo que la naturaleza común usa indistintamente estas cosas en vez de acontecer éstas por mero azar según la suce-sión de lo que acontece; y sobrevienen debido a un pri-mer impulso de la Providencia, según la cual, desde un principio, emprendió esta organización actual del mun-do mediante la combinación de ciertas razones de las cosas futuras y señalando las potencias generatrices de las sustancias, las transformaciones y sucesiones de esta índole”. Meditaciones (Marco Aurelio. Editorial Planeta DeAgostini. Madrid. España. 1995, pág. 161 y 162).

3) La Caballería y su verdad:


Su nacimiento se encuentra en las particulares ceremonias acaecidas en pleno bosque, delante de todo un clan o tribu reunida para observar al joven dispuesto para ir a la contienda bélica donde recibía solemnemente las armas y el preciado caballo, es decir “armándolo” Caballero.

La Caballería fue, en su origen una forma Cristiana dentro del escalafón militar. Y el Caballero, un Soldado Cristiano, o lo que es lo mismo tanto en la guerra como en la paz, debía de ajustar su norma de conducta a la religión en al que él creía. Fue la Caballería un reducto religioso-militar con ceremonias códigos propios. Las enseñanzas y obligaciones de todo aquel que ingresaba en la Caballería se podrían resumir en diez normas:


1) Creer las enseñanzas de la Iglesia y obedecer sus mandamientos 2) Proteger a la Iglesia.

3) Defender a los débiles.

4) Amar al país en el que se ha nacido.

5) No retroceder jamás ante el enemigo.

6) Guerrear contra los infieles.

7) Cumplir los deberes feudales.

8) No mentir y ser siempre fiel a la palabra empeñada.

9) Ser dadivoso y liberal con todos.

10) Combatir todo lo malo, defender todo lo bueno.

4) El Santo de Aquino y la verdad a la luz de los principios de la naturaleza: La verdad vence (aunque a veces muy tarde) y contribuye, además, al ennoblecimiento de la palabra. Creo que la mentira es humana y que la verdad es divina.

La verdad es el estudio de Santo Tomás y por él, llegamos a Dios en todo su significado.

Dijo Santo Tomás (1225 - 1274): “El último fin del hombre y de sus operaciones y deseos es el conocimiento de la verdad divina, la Verdad por antonomasia”. Est igitur ultimus finis totius hominis et omnium operationum et desideriorum ejus cognoscere primun verum, quod est Deus (C.G.III, 25).

Muy claro es el estilo, e inteligentemente sencillo fue el esfuerzo científico hecho en virtud de una inflamación por lo elevadamente racional. Sobre las beses sentadas, el Santo tradujo en su obra, su interna firmeza científica en orden a la verdad y a su apego mismo.

Esa es la verdad que nos falta para vivir en gracias de Dios y disfrutar de la dignidad que es calidad de vida.

Donde no existe la verdad, impera el vicio y la corrupción. Referimos a la Verdad que nos aproxima a Dios y al respeto por la Naturaleza que es su obra más elocuente. Por contraposición, lo lacónico es del hombre y en él anida el comportamiento miserable y digno de reproches. El culto a la Verdad nada tiene que ver hoy con el Honor.

Vamos a leer entre líneas el siguiente texto: “Todo en Tomás se ordena finalmente a la verdad y a su posesión. Conocerla, comprenderla, amarla, rendirle homenaje, sacrificársele, es para él la mejor manera de honrar a Dios, porque la verdad es en sí el bien supremo, porque es el fin último del hombre, del universo, porque es el Dios mismo y el sol que en él resplandece eternamente. A ella iba dirigida su eterna y más profunda veneración, su eterno y más profundo amor, su eterna y más profunda entrega unice veritatis amator! ” G. M. Manser, La esencia del tomismo, p. 50 Madrid. 1947. Salta a la vista que la verdad no puede ser vencida ni humillada por nadie.

El santo de Aquino y discípulo predilecto de Alberto Magno, nos enseñó que: “algo puede ser aunque no sea y, asimismo, que algo es”. Lo que puede ser se dice que está en potencia; lo que ya es, que esta en acto.

Filosóficamente hablando, el ser se entiende de dos maneras: como ser esencial o substancial de la cosa; por ejemplo, el ser hombre, que es ser en absoluto y como ser accidental, por ejemplo, el ser hombre blanco, que es ya ser algo. Para ambos “algo” hay en potencia. Puede llamarse materia tanto a lo que está en potencia para el ser substancial como a lo que está en potencia para el ser accidental, pero la materia que está en potencia para el ser substancial se llama materia ex qua o materia prima; y la que está en potencia para el ser accidental, materia in qua o sujeto.

Santo Tomás, diferenció la materia del sujeto, porque éste no recibe el ser de lo que le adviene sino que por sí mismo ya tiene el ser completo; así, el hombre no tiene el ser dado por la blancura. En su concepción, la materia tiene el ser de lo que le adviene, porque ella es un ser incompleto. “La forma da el ser a la materia, pero no lo da el accidente al sujeto, sino el sujeto al accidente, aunque alguna vez se nombre el uno por el otro, como la materia por el sujeto y viceversa”.

Definió como materia a todo lo que está en potencia y como forma a todo aquello de lo que algo tiene el ser, sea substancial o accidental. Además, aquello que a su vez hace al ser substancial en acto se llama forma substancial, y lo que hace al ser accidental en acto se llama forma accidental. Surgió así un movimiento hacia la forma: la generación. La doble generación, es este orden de cosas, responde a la doble forma, esto es, la generación en absoluto responde a la forma substancial, la generación relativa a la forma accidental. Pues cuando se introduce la forma substancial se dice que algo se hace en absoluto o lo que es lo mismo, que el hombre se hace o que el hombre se engendra. A su vez, cuando se introduce la forma accidental no se dice que algo se hace en absoluto, sino que se hace esto; así cuando el hombre se hace blanco no decimos que el hombre se hace o se engendra en absoluto, sino que se hace o se engendra blanco. Una doble corrupción se opone a esta doble generación, a saber, la corrupción absoluta y la corrupción relativa. La generación (cierto cambio del no ser al ser) y la corrupción (cierto cambio del ser al no ser) absolutas se dan en las substancias; la generación y la corrupción relativas se dan en todo lo demás.

Para que haya generación se requieren tres requisitos: 1) ser en potencia (la materia); 2) no ser en acto, (la privación) y; 3) aquello por lo que se hace en acto (la forma o fin de la generación). Todas las formas artificiales son, pues, accidentales, puesto que el arte no trabaja sino sobre lo que ya está constituido en ser por la Naturaleza.

Existe un principio que reza “Dios tiene en acto las potencialidades que nosotros tenemos en movimiento”. Dios en Verdad y Vida, ergo: sigamos a Dios.

5) Rubén Darío y la verdad Americana:


El poeta de América, orgullo de Nicaragua y patrimonio de la humanidad, fue quien mejor identificó el destino de nuestro continente. Hay que ser de madera para no derramar lagrimas de dolor por la verdad que vierte en su obra.

Siempre hay oportunidad para compartir un clásico que se las trae y parece eterno a los ojos de la verdad. Cuando sentimos “A Roosevelt” se nos representa el triste panorama que vive la Patria Grande: la de Simón Bolívar y la de José de San Martín entre otras. Vamos al texto que bien vale una misa:


A Roosevelt
Por Rubén Darío


Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod!
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aun reza a Jesucristo y aun habla en español.


Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro - Nabucodonosor.
(Eres un profesor de Energía,
como dicen los locos de hoy.)


Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción,
que en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.


Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: "Las estrellas son vuestras".
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta. . .) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.


Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del grande Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
"Yo no estoy en un lecho de rosas"; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor;
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama. Y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América Española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser, por Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.


Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios!
[Málaga, 1904]


Sabía que se iban a emocionar. “Es con la vos de la Biblia...” que comienza el descubrimiento de la verdad, cuando nos apartamos de ella nos “falta una cosa: ¡Dios!”.

6) La negación del amor y la verdad:

La vida nos lleva a veces por caminos intrincados y otras más por rectas sendas conducentes al Amor.

Siempre valoro las enseñanzas jesuitas porque los doctores de la iglesia son los más comprometidos con el Evangelio y porque hacen del ejercicio espiritual una virtud. Creo que lo poco de bueno que tengo en mi humilde haber, es por la obra compartida entre mis Padres y Ellos. Han depositado en mi, a lo largo de los años, cuotas de verdadera pasión por lo estrictamente religioso y suave a la vez.

La obra de San Ignacio es tan educadora y formadora de vida que uno puede sentirse el embajador de sus ideas. Se es portavoz del Amor que inflama al hombre de Vida y Luz cuando uno busca en el otro la verdad, cuando por la verdad uno se siente Amigo de Cristo.

Una de las mejores definiciones del “pecado” que escuché de mi maestro el Dr. Hugo Achával (S.J) fue que era “la negación del amor”. El lamentablemente desaparecido Sacerdote de la Compañía de Jesús, me decía siempre que buscara incansablemente la verdad. Su Amistad perdura y no dejo de emocionarme cuando recuerdo los intensos momentos vividos a la sombra de la Casa de Dios y bajo la luz de la Palabra Divina.

Hoy puedo decir que en mi interior, un alto jefe militar y un sacerdote comprometido se disputan mi existencia. El Santo de Loyola me reclutó en sus filas, como un soldado más de aquellos que defienden la causa del Honor y la Verdad en Cristo Jesús.

Cuando me niego a dar lo mejor de mi, sucede algo muy próximo al sentimiento de la mezquindad. Cuando no se dice la verdad, una parte del Amor muere por nuestra obra del engaño.

La verdad es tan digna que por su sola existencia reivindica la gracia (aquella que era el motivo para Santa Teresita) y predispone la comprensión (que a veces es el perdón).

XanKaiSen dijo...

muchas gracias José Carlos, por tan rica aportación.

Anónimo dijo...

Mi estimado José Carlos, has hablado como dijo San Pablo, con palabras de vana sabiduría, y tú lo confiesas; tu "religiosidad" de la que te sientes orgulloso, sólo te doy este consejo, tal como lo dicen también los probervios, "el principio de la sabiduría es el temor a jehová" y de remate te recomiendo lo que dijo, Jesús; "yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al padre sino por mí"

jose s dijo...

Jose Carlos, el P. Achaval fue mi Director espiritual desde 1982 hasta 1986 que marché a Madrid, gracias por recordarlo